viernes, 16 de abril de 2010

MI PRIMER RECUERDO



Mi primer recuerdo tuvo lugar un día cualquiera de 1984. Ya ha llovido desde entonces, pero en aquella época tenía yo la tierna edad de 5 años.

No sé si es un recuerdo tardío y si mi vida hasta esa fecha estaba carente de emociones fuertes, pero no puedo acordarme de ningún suceso anterior al que os voy a relatar.

Vivía yo en casa de mis padres, en lo que por aquella época era el barrio marinero de la ciudad. Mi colegio se encontraba a 3 minutos andando de casa y junto a él se erigía un cerro que los niños, en horas no lectivas, solían frecuentar para practicar todos los tipos de juegos que por aquél entonces estaban tan en boga; la pelota, la goma, la comba, el disco( ahora conocido como frisbee), el escondite, la”quema”(o balón prisionero), etc.

En periodo estival, dicho cerro, llamado La Atalaya y dónde unos cuantos años más tarde Chillida daría forma al “Elogio al Horizonte”, era frecuentado en masa por familias del barrio que junto con sus niños y todo un arsenal de toallas, sombrillas, capazos, cochecitos y demás parafernalia se disponían a pasar el día al amparo del astro rey.

Uno de esos días, había ido con mi madre y mis abuelos a tomar el Sol. Una vez instalados, refiriéndome a ellos, por supuesto, fui a reunirme con mis amigos. Éramos siempre los mismos, 4 ó 5 compañeros de clase que nos juntábamos cada día y jugábamos a los juegos anteriormente mencionados, entre otras cosas. Esa fatídica tarde, decidimos jugar al escondite. Tras “cortar el hilo”(*), elegimos por el siempre fiable método del “pinto pinto gorgorito” a la persona que se quedaría contando hasta 10. Ese día le tocó a mi querido amigo del alma Juan José. Una vez se dio la vuelta y se tapó los ojos todos corrimos raudos y veloces en distintas direcciones hacia el arbusto más cercano (éramos así de listos) y una vez en nuestros puestos, observábamos como Juan José oteaba al horizonte con su mano derecha como si con ello viera las cosas más claras.

Detrás del arbusto, seguía las evoluciones de mi amigo cuando algo más importante captó mi atención. Una avispa se había posado en mi abdomen, a la altura del apéndice. Cabe destacar que dado el sofocante calor no llevaba puesta la camiseta por lo que los leves movimientos del insecto eran percibidos por mí como un cosquilleo de terror. El ser descubierto pasó a ser secundario y sólo quería librarme de ese bicho cuanto antes, incrementándose mi grado de nerviosismo al ver que la avispa parecía haber encontrado en mi barriga un hábitat cuanto menos óptimo. Por esa razón decidí acabar con la espera y le di un manotazo, con sus funestas consecuencias. Al ver como la amenaza se cernía sobre ella, la avispa reaccionó como reacciona cualquier animal: defendiéndose.

Y su defensa fue mi ruina, ya que su aguijón se introdujo en mi vientre causándome un tremendo dolor que desembocó en llanto y en una carrera interminable hacia donde se encontraban mi madre y mis abuelos.
En ese momento una nube de personas hizo un corro a mi alrededor y las sugerencias acerca de cuál sería el remedio a utilizar no tardaron en aparecer:

- Échale vinagre que es buenísimo!.
- Pues yo he oído que es mejor frotarle una corteza de tomate.
- La sidra es mucho mejor. A mi nieto le pasó y le bajó mucho la hinchazón!
- Yo tengo sidra!!!

Al final fue la sidra la que se llevó el gato al agua y mi madre mojó un kleenex con nuestra bebida más internacional y lo aplicó sobre ese granito enrojecido que tan famoso me había hecho.

No me acuerdo muy bien que sucedió después, pero no me quedó cicatriz ni nada, por lo que si algún día molestáis a una avispa, a una gaviota o incluso a un avestruz, saber que el remedio al picotazo puede ser el zumo fermentado de la manzana.
Aunque siempre es recomendable que en vez de hacer la vida imposible a la fauna autóctona, os deleitéis con el sabor de semejante brebaje.



(*) Cortar el hilo: Dícese del acto simbólico en el que uno de los niños junta sus dos dedos índice y otro de ellos los separa en una acción similar a un corte, con el significado de que una vez hecho esto, nadie más podrá jugar al pasatiempo establecido.





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