
Como mañana es el cumpleaños de una gran amiga que ahora mismo reside en el "Nuevo Continente", quería dedicarle una de mis historietas con final fatal, para desearle que sea feliz, un año más jeje.
Ocho meses y cuatro días
fue el período de gestación,
hasta que por fin se alumbró
al primer niño bombilla.
Dos finos hilos de cobre
daban lugar a sus ojos,
y entre su par de pulmones
un corazón de seis voltios.
A pesar de la desgracia
de su humilde condición,
comprobó su importancia
en los casos de apagón.
Sus padres, locos de amor
y ebrios de felicidad
redujeron un montón
su gasto en electricidad.
Sin embargo había momentos
que se sentía repudiado.
En el cine por ejemplo
no recuerda haber entrado.
Aunque su vida pareciera
en cierto modo ideal,
en sus noches en vela
deseaba ser normal.
Cuantas cosas podría
haber llegado a alcanzar,
pero el ser niño bombilla
le impedía destacar.
Hasta que un día cualquiera
sus problemas de micción
conllevaron la extracción
de un riñón y de la uretra.
En ese preciso momento
todo fue cuesta abajo.
Se pasó todo el tiempo
enganchado a un aparato.
Y a medida que los años
comenzaban a expirar,
su potente halo de luz
perdía toda intensidad.
El viejo bombilla fue enterrado
en el panteón familiar
Y rezaba su epitafio:
“Muchas gracias por brillar”.
fue el período de gestación,
hasta que por fin se alumbró
al primer niño bombilla.
Dos finos hilos de cobre
daban lugar a sus ojos,
y entre su par de pulmones
un corazón de seis voltios.
A pesar de la desgracia
de su humilde condición,
comprobó su importancia
en los casos de apagón.
Sus padres, locos de amor
y ebrios de felicidad
redujeron un montón
su gasto en electricidad.
Sin embargo había momentos
que se sentía repudiado.
En el cine por ejemplo
no recuerda haber entrado.
Aunque su vida pareciera
en cierto modo ideal,
en sus noches en vela
deseaba ser normal.
Cuantas cosas podría
haber llegado a alcanzar,
pero el ser niño bombilla
le impedía destacar.
Hasta que un día cualquiera
sus problemas de micción
conllevaron la extracción
de un riñón y de la uretra.
En ese preciso momento
todo fue cuesta abajo.
Se pasó todo el tiempo
enganchado a un aparato.
Y a medida que los años
comenzaban a expirar,
su potente halo de luz
perdía toda intensidad.
El viejo bombilla fue enterrado
en el panteón familiar
Y rezaba su epitafio:
“Muchas gracias por brillar”.
Felicidades Azulilla!!!
Estoy llorando como una magdalena... De alegría, eso sí.
ResponderEliminarMuchas gracias!! Eres un solete.
:-)